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BWW Blog: Concha Barral - Homenaje al aficionado

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La periodista recuerda al autor del libro "Desde Al Sur Del Pacífico Hasta Más Allá de la Luna", presentado un día como hoy en 2017.

En 2017 Iñigo Santamaría presentó el libro "Desde Al Sur Del Pacífico Hasta Más Allá de La Luna" en la sede de SGAE en Madrid. Un trabajo de recopilación de todas las producciones músico-teatrales estrenadas en nuestro país desde 1955 hasta 2012, en tres tomos, con más de 1600 páginas y 4000 fotografías.

En el aniversario de este evento hemos contado con la colaboración de la periodista Concha Barral, que presentó junto a Josep María Pou el programa "La Calle 42" desde 1985 a 1999, y que hoy comparte con nosotros este recuerdo del trabajo de su autor, que nos dejó en 2019.

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Homenaje al aficionado

Iñigo no era escritor, no era documentalista, no era cantante, figurinista, maquillador o pintor de carteles. No era músico ni letrista. Era meticuloso hasta el extremo, enormemente inteligente, culto, leído... estaba enamorado. Xavi, el amor, era un impresionante aficionado a la comedia musical. Lo coleccionaba todo. Convirtió su casa de Barcelona en una especie de templo pagano de su afición.

Entre los aficionados encontramos a los que "lo tienen todo y no lo muestran", o a los generosos que siempre están dispuestos a compartir sus tesoros. Los que acarician en soledad la tapa del disco inencontrable o el que le falta tiempo para hacerte una copia.

Aficionados que lo saben todo y aún quieren saber más. Aficionados que no se creen el primer dato que encuentran en un comentario: buscan la fuente, leen más y más entre líneas. Comparan, son suspicaces y al mismo tiempo agradecidos al que aporta un matiz diferente.

Aficionados que dan su tiempo y su dinero para reunir, recompilar, agrupar, ordenar, rellenar cualquier fisura de la historia... todo eso que usted pueda imaginar de un verdadero aficionado llévelo al extremo al pensar en Xavi Martínez. Y multiplíquelo al comprender que quién le amó hasta el extremo quiso dejar para todos nosotros toda esa obra y mucho más.

La Enciclopedia fue su duelo. Un luto marcado por hacer un trabajo inimaginable para un particular. Un trabajo de horas libres, de despilfarro de ahorros, de aprender cualquier técnica que fuera necesaria para ese duelo en soledad: fotografías antiguas devastadas por el tiempo: aprendió a manejar Photoshop como un profesional de alto rango. Bases de datos equilibradas: las mejores. Llamar, preguntar, suplicar, pedir derechos de imagen, mantener correspondencia, contratos de temas nunca "contratados". Todo. Todo y un poco más. Iñigo siempre era "un poco más".

Le recuerdo en la mesa de un restaurante, poco después de salir de ver, claro, un musical. Serio, no le había gustado la obra, pero siempre tenía la duda de si su opinión "servía". Y de repente su cara cambia como la de aquellos niños que miraban un escaparate de una juguetería: ¡Un libro! ¡Le regalé un libro! Uno de esos libros que "ya no puedes encontrar". Lo sacó varias veces de la bolsa de regalo, como para comprobar que realmente estaba allí. Seguía la conversación, nos contábamos cosas, pero él quería llegar a casa y mirar el libro. Compartirlo, supongo, con lo que ya era sólo un recuerdo permanente en su día a día.

Publicó los 100 ejemplares únicos, el número para el cual consiguió todos los permisos correspondientes, no le dejaron imprimir ni uno más. Fue el asombro de tantos que no habían oído jamás hablar de aquel oncólogo molecular que lo sabía todo de los musicales estrenados en España.

Conozco a mucha gente que compró el libro (los tres tomos) para alguien especial: otro aficionado. Otro acto de amor.

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Nina, Concha Barral, Íñigo Santamaría, Mª Luz González Peña y Puri Navarro,
en la presentación del libro en 2017

Los flecos del aficionado

Las llamadas del día de la muerte de Iñigo las tengo acunadas en mi memoria. Todas las muertes son diferentes, pero tienen algo en común: el asombro.

Apareció Pedro, el cuñado de Iñigo, un poco después Estíbaliz, la hermana. Les quiero. Si, les quiero mucho. No los he visto en mi vida, pero son una referencia de generosidad. Del dolor puede salir mucha generosidad. Estíbaliz no sabía nada de musicales, ni de discos, ni carteles, ni libros... pero quería preservar a su hermano. Y era lo que quedaba. Ni cenizas, ni bienes, ni los sobres nominados que Iñigo dejó perfectamente ordenados con todas sus últimas voluntades. Quedaba el inmenso legado casi desconocido para la familia.

Estíbaliz mezcló su pena con encontrar un lugar para que todo aquello no quedara en cajas de cartón etiquetadas. Y lo encontró. Y limpió, ordenó, colocó en estanterías, clavó las escarpias para los marcos... cada pequeño detalle. Y mantuvo el entusiasmo del aficionado, el valor de lo pequeño, el placer del coleccionista. Aprendió para enseñarnos.

Todo está en las salas que consiguió en la biblioteca de Oviedo. Cada minúsculo detalle acompañado de una lágrima.

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Una de las salas de la Biblioteca de Oviedo
con el material recopilado por Iñigo Santamaría

Tengo la suerte de tener cada fotografía del legado en mi propia colección de lágrimas. Porque yo también tengo la suerte de ser una aficionada. Gracias a tantos que han guardado su afición para legarla a otros y otros y otros.

Sin vosotros, sin nosotros, todo esto sólo sería un catálogo de títulos con fichas completas. Pero nosotros, los aficionados, le damos mucho más sentido: es la cultura y una manera de entender el mundo. Sin necesitar siquiera un telón que se levante todos los días a eso de las ocho de la tarde.


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