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La crisis climática nos priva de la noción de que somos invencibles y, en última instancia, nos obliga a enfrentar exactamente cuánto tiempo nos queda en la Tierra. En una escala mucho más pequeña, se puede decir lo mismo al envejecer.
En The Children, Lucy Kirkwood toma esta analogía y la desarrolla. Inspirada en la explosión nuclear de Fukushima en 2011, su obra de 2016 sigue a Hazel (una interpretación cómica virtuosa de Meera Syal) y Rose (la actriz australiana Kerry Fox), dos científicas nucleares y viejas amigas en sus 60 años con una buena dosis de tensión no resuelta. En un idilio doméstico remoto con una estética entre una cabaña de troncos y una nave espacial (el diseño de escenario de Gary McCann es una maestría en la creación de mundos), el par discute sus diferencias en medio de un apocalipsis nuclear que ha obligado a su comunidad a aislarse.
Se revela que Hazel y Rose tienen cierto grado de responsabilidad en el desastre nuclear que causó esta situación. Ayudar a solucionar el problema que crearon resultaría en sus muertes por envenenamiento de radiación, por lo que la obra plantea la cuestión de si la vejez trae un sentido mayor de deber hacia los demás o simplemente una licencia para anteponer el propio bienestar. Hazel y Rose ocupan polos opuestos de este dilema, y es uno de esos conflictos escénicos hábilmente escritos donde ambas partes tienen razón.
La metáfora medioambiental pudo haber resonado en 2016, pero con la proliferación de obras sobre la crisis climática en años recientes, ya no basta con señalar la responsabilidad de la generación mayor en la crisis, algo que se ha reiterado una y otra vez. La idea de la deuda de los mayores hacia los jóvenes ahora parece anticuada y exagerada, y a veces choca con el carácter cotidiano del ambiente doméstico de la obra.
Esta producción elige centrarse en ese ambiente doméstico, demorándose en los momentos más lentos del guion, en conversaciones sobre la paternidad temprana y el yoga; en contraste, una revelación importante relacionada con los desechos nucleares tiene poco impacto al ser introducida torpemente en la narrativa por Rose. El estilo cotidiano en la dirección de Rachel O’Riordan, aunque elegante y muy atractiva, no ayuda a que el cambio climático no se sienta como un asunto secundario.
Aún hay una veta rica de humor tragicómico aquí, y las dos actrices principales la aprovechan con gran efecto: Syal como una mujer serio y controlado al límite, provocando pasivamente a su generador eléctrico, Fox como un inadaptado social que no se da cuenta de que sus bromas no funcionan. El personaje del esposo de Hazel, otro científico que también tuvo un romance con Rose, es menos convincente, pero Declan Conlon dota al personaje de una sensación de filosofías personales forjadas con esfuerzo y tensión sexual reprimida.
The Children es una muestra de las habilidades de Kirkwood tanto en la comedia observacional como en el trabajo profundamente existencial. Las limitaciones de la obra aún son evidentes en esta nueva producción, pero es una oportunidad interesante para ver una joya moderna que, diez años después de su estreno, sigue teniendo cosas relevantes que decir.
The Children se presenta en el Lyric Hammersmith hasta el 3 de octubre
Créditos fotográficos: Helen Maybanks