Julio Castillo No Intelectualizaba Los Textos, él Los Vivía En Carne Propia: Juan Cristóbal Castillo

Julio Castillo cambió la visión que se tenía del teatro. Él no intelectualizaba los textos, sino que los vivía en carne propia. Poseía un alma de seducción capaz de atrapar a los actores más escépticos. Recuerdo que a cada uno de ellos les murmuraba algo al oído y nadie sabía qué era.

Esas fueron las palabras de Juan Cristóbal Castillo durante el homenaje por el 30 aniversario luctuoso de su padre, Julio Castillo, organizado por el Instituto Nacional de Bellas Artes, por medio de la Coordinación Nacional de Teatro, el pasado 19 de septiembre.

Al homenaje, realizado en el teatro del Centro Cultural del Bosque que lleva el nombre del reconocido director escénico, asistieron Germán Castillo, Roberto Sosa, Angelina Peláez, Félida Medina, Sisu González, Lourdes Villarreal y Juan Cristóbal Castillo, hijo de Julio Castillo, entre otros.

En el marco del homenaje, se proyectó el documental Ciudad infierno y se llevó a cabo una mesa redonda en la que los invitados recordaron la vida y obra de Julio Castillo, y coincidieron en que es posiblemente el mejor director teatral del siglo XX en México. Además, compartieron un sinfín de anécdotas que daban cuenta sobre la forma en que creaba antes, durante y después de sus puestas en escena.

"Todo lo que hizo, a partir de 1968, era fabuloso y alucinante", indicó la actriz Angelina Peláez, quien conoció muy de cerca al director de las obras De la calle, Armas blancas, Vacío, Dulces compañías y De película, entre otras.

Germán Castillo dijo que una de las cosas que más le llamaba la atención de Julio Castillo era que llevó el teatro a las clases desprotegidas, económicamente hablando. También expresó que "con su partida física, el teatro se encuentra sin uno de sus exponentes más prodigiosos, como sucedió en poesía con la muerte de Ramón López Velarde".

"Julio Castillo tuvo más afinidad con Juan Ibáñez, director de la película Los Caifanes, que con otros colegas contemporáneos. Ambos eran implacables con sus actores porque en escena querían mostrar la teatralidad del actor", aseguró.

Por último, afirmó que Castillo, al igual que Jodorowsky y Artaud, estaba convencido de que el teatro era un ritual de lo sagrado, un espacio capaz de sanar al auditorio.

En su intervención, el actor Gerardo Martínez, tras reconocer que por Castillo cambió la ingeniería civil por la actuación, mencionó que al director teatral le interesaba hablar de los marginados por medio de su arte.

La investigadora Lourdes Villarreal explicó que "para Castillo el actor no era una herramienta más, sino un creador y un poeta en escena, por eso despertaba la imaginación de sus actores".

Luego de un receso, se leyeron algunos extractos del libro Todo es teatro. La vida en el arte de Julio Castillo, escrito por Gabriel Pingarrón. Posteriormente se realizó el desmontaje de la puesta en escena Vacío y enseguida se proyectó el video de esa misma obra, dirigida hace 38 años por Castillo, quien le confesó a la poeta Esther Seligson que "no es un teatro básicamente de protesta social, aunque yo siento que sí, porque el suicidio para mí también es un acto de protesta ante la vida".

Al final, el actor Roberto Sosa leyó un texto escrito por la actriz Jesusa Rodríguez tras enterarse de la muerte de Julio Castillo el 19 de septiembre de 1988.

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