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Este espectáculo aún estaba en preventa cuando lo revisamos.
En prisión, un joven hombre negro cuenta su historia. Bueno con los números, carismático y altamente impulsado por la ambición, detalla cómo pasó de ser un niño rudo con un padre exigente en la ciudad de Nueva York a ganar un bono de 1 millón de dólares antes de acabar en prisión. La visión sombría de Quaz Degraft sobre las expectativas familiares y el hambre social no deja de girar y retorcerse. El guion es una narración incisiva e introspectiva, que fluye con facilidad desde la comedia hasta la sátira. La actuación de Degraft sigue el mismo ritmo con cambios impecables en el tono y el lenguaje corporal que le permiten entrar y salir de su colección de personajes con claridad.
Mientras tomamos la ruta panorámica para descubrir la razón por la que terminó tras las rejas, la obra presenta mucho al público. Racismo, misoginia, crímenes de odio, división generacional, acoso sexual y otros puntos de discurso profundos salpican su monólogo. Cada idea tiene peso y tiene una consecuencia directa en la narrativa. Hay mucho en juego y, a veces, puede parecer un poco excesivo querer incluir tantos problemas sociales a la vez. Degraft aborda cada tema con gracia, construyendo lentamente su argumento con precisión, evitando por completo cualquier sobreexplicación.
No se detiene demasiado, optando por confiar en que su público haga las conexiones necesarias. Depende de ellos llenar los espacios en el subtexto y descubrir por qué ciertos puntos de la trama son relevantes para la tesis final. Es una apuesta necesaria, y que podría salir bien o mal para la pieza. Por un lado, esta rápida revisión de todo lo que está mal en una sociedad capitalista está limitada por su propio tiempo de duración; por otro, podríamos decir que Degraft simplemente decidió no darle todo servido a su público. En cualquier caso, In The Black es un gran espectáculo. Si nada más, destaca lo excelente y versátil que es el actor Degraft.