El INBAL rindió homenaje a Armando Ramírez en su barrio, que se ha vuelto nostálgico por su partida física

El INBAL rindió homenaje a Armando Ramírez en su barrio, que se ha vuelto nostálgico por su partida física

Armando Ramírez "fue el último escritor querido por el pueblo", aseguró su hijo, el productor musical homónimo, durante el homenaje luctuoso que se realizó en su memoria el miércoles 31 de julio al escritor, periodista y cronista en la Galería José María Velasco del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, localizada en Tepito, barrio natal del autor de Quinceañera.

Acompañado de sus hermanas Jimena y Marcela Ramírez, y de los escritores Everardo Pillado y Fernando Ramírez, así como de amigos y admiradores, agregó que su padre todavía es llorado y extrañado por la gente que lo conoció y leyó sus libros.

Marcela Ramírez, la hija menor del escritor fallecido el pasado 10 de julio, refirió que las calles de Tepito se han vuelto nostálgicas por la partida física de Armando Ramírez. "Recuerdo que cada vez que salíamos a recorrer el barrio conocía las historias de los edificios y sus habitantes".

Rememoró, asimismo, que era un buen cocinero: "Mientras comíamos la torta española que él mismo preparaba me relataba historias que incluían cómo terminarían sus respectivas vidas los personajes de los libros que tenía en preparación.

"Su legado más importante fue el disfrute de nuestro propio caminar, ya que él siempre veía lo asombroso de la vida. Nos enseñó, también, a estar deslumbrados y a conocer la historia. Nos mostró las calles en las que se vendían los mejores chiles, y esto es algo que no se aprende en los libros, sino conociendo y conviviendo con la gente que habita esta ciudad".

Por su parte, la hija mayor del autor de Pu, Jimena, afirmó que su legado más grande fue dar a conocer el barrio de Tepito, así como su cultura y su gente. "Él fue uno de los pocos escritores mexicanos interesados en darle voz a las personas que no tenían la oportunidad de ser escuchadas".

Añadió que otra característica de Armando Ramírez fue el milagro de hacer visible aquello que para mucha gente era invisible. "Por ejemplo, su libro más conocido, Chin chin el teporocho, fue un parteaguas de la literatura mexicana, ya que nos mostró que dentro de la misma ciudad hay muchos Méxicos, es decir, gran diversidad. Siempre se mostró muy respetuoso ante esto".

De igual forma, aseveró, nunca dejó de asombrarse, "y esto es algo que lo caracterizó siempre. Nos enseñó a valorar el trabajo de todas las personas. Por eso, la pasión con la que escribió sus crónicas hizo que la gente volteara a verlo y a leerlo. Decía que debemos disfrutar el camino sin importar llegar a la meta.

"Armando Ramírez disfrutó cada momento de su vida, incluso los fracasos. No tenía límites, de ahí que haya vencido todas sus limitaciones y miedos para llegar a ser el escritor más querido por el pueblo.

"Otro legado suyo fue buscar el acceso a la cultura para todos los mexicanos: que la cultura no fuera algo inalcanzable para ciertos sectores de la sociedad. Armando Ramírez decía que la cultura se encuentra en cada región de la ciudad y que es el medio idóneo para cambiar", sostuvo Jimena.

Durante su intervención, Everardo Pillado comentó que el escritor nacido en Tepito el 7 de abril de 1952 no fue un hombre renacentista de su tiempo, pero sí participó en un proyecto cultural que hizo renacer a este popular barrio: el movimiento Tepito Arte Acá.

"Hizo del mitote literatura y después se convirtió en un gran divulgador de las calles, la nomenclatura, las historias. Lo que más recuerdo de él es que era un gran charlador y que sus libros hablan de nosotros, los que no estamos presentes en la literatura de los grandes autores", finalizó.


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