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Crítica: MR. GWYN en el Teatro Helénico

Para quienes desean contemplar un íntimo retrato creado desde la belleza corporal de las palabras.

By: Jan. 22, 2026
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“A partir de ahora dejo de escribir.”

Entre las 52 cosas que el aclamado escritor Jasper Gwyn declaró en una publicación que no volvería a hacer estaba el no volver a escribir. Sin embargo, el encuentro fortuito con una mujer con poca vida por delante y mucha sabiduría por impartir, así como una fuerza creativa que necesitaba expresarse de alguna manera, lo condujeron a un pequeño departamento donde 18 Catalinas de Medici iluminan un cuerpo por 32 días, donde un retrato en palabras cobra vida, y un abrazo es el camino a descubrir la más pura identidad.

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“Los cuadros nunca me gustan porque están mudos.”

El invisibilizarse para reencontrarse o reinventarse, la vocación y naturaleza de la escritura, la búsqueda de la identidad y la esencia de las personas que se descubre a partir de la mirada son algunos de los ejes narrativos que explora el escritor italiano Alessandro Baricco en su novela “Mr. Gwyn”. A partir que el personaje titular decide cambiar su profesión de escritor a copista, una serie de eventos se desencadenan en su vida que lo llevan a explorar una nueva forma de expresión artística: retratar a personas desde la mirada y las letras, desnudar sus cuerpos para capturar, en un ambiente controlado y deslindado del exterior, la esencia tanto del observado como del observador.

“Yo voy a escribir retratos.”

Durante el primer acto, el espectador conoce al escritor, sus circunstancias, su entorno y hasta las pláticas que sostiene con una mujer que se ausentado de este plano existencial. Una vez que se ha tomado la decisión de retratar, se muestra el proceso de conseguir a la primera modelo, se conoce a mayor profundidad a esta mujer que se convertirá en pieza clave en la exploración artística de Jasper, se muestra cómo fue ese primer documento que capturó la esencia de otro ser humano. En el segundo acto, luego de mostrar el desarrollo del proyecto a partir de una calma contemplación, se desatan toda una serie de eventos que aceleran la trama, ni siquiera desarrollando de manera certera las circunstancias alrededor de ellos, hasta una culminación desbocada que incluso se contrapone a la tesis raíz de la dramaturgia en torno a la belleza de la calma que viene de la contemplación.

“Todo esto resulta inútil sin la presencia de un modelo.”

La adaptación a teatro de “Mr. Gwyn” es a cargo de Juan Cabello, quien captura de manera certera tanto la anécdota como la esencia de la novela en el primer acto. La crisis creativa que atraviesa el escritor, su relación con los demás, desde su editor hasta una apocada asistente que se convertirá en su primer retrato, su neurótica necesidad de controlar cada aspecto del ambiente donde el experimento habrá de suceder, y el proceso de creación inicial son testamento de la manera en que la dramaturgia se hermana con la narrativa exitosamente. Sin embargo, el segundo acto busca aglutinar todo el resto de la anécdota en un espacio corto de tiempo, a momentos dejando huecos en la narrativa que nublan el pleno entendimiento de lo que sucede en escena, presentando un conflicto donde se mencionan personajes y situaciones que hasta ese momento no se habían desarrollado de lleno, culminando en una adaptación que no es armónica entre el primer y segundo acto, en una dramaturgia que se toma su tiempo en crear un universo que en un destello implosiona, anulando gran parte de su belleza.

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“¿Cuánto cuesta la desnudez?”

El segundo acto comienza en el estudio de Jasper Gwyn. Hombres y mujeres, incluyendo una mujer trans, todes de cuerpos diversos, van llegando y se desnudan para deambular por el espacio, hacerlo propio en la intimidad de saberse observados por un artista “invisible” que se encuentra en una esquina. No interactúan entre ellos, dejando en claro que cada une de elles habita un espacio temporal propio. En una larga escena, sin prisa y sin diálogos, hermosamente compuesta desde la iluminación, la composición estética y la música, y que culmina con nueve identidades dispuestas alrededor y encima de una vieja cama, el escenario se ha convertido en una exhibición viva, una galería de humanos que invita al público a desconectarse del mundo entero para entregarse a la contemplación de la diversidad humana, para dejar de ser un espectador y tomar el rol del protagonista.

“Usted tiene que hacer como si yo no existiera.”

El trabajo que realiza Alonso Íñiguez en la dirección escénica de “Mr. Gwyn” eleva la propuesta de un mero montaje a una obra de arte escénica. La delicadeza con que la dramaturgia es traducida al escenario, la forma en que la visión del protagonista de crear retratos escritos a partir de la mirada es llevada a un espacio donde el tiempo pareciera detenerse por completo para permitir al público convertirse en seres que verdaderamente espectan, que posan su mirada sobre los cuerpos y se deleitan con el transcurso de la narrativa de manera pausada, es digno de ser analizado como una master class en estética y manejo de ritmo. Esto sólo es posible gracias a un trabajo en conjunto con un equipo creativo conformado, primeramente, por Mauricio Ascencio quien se encarga de los diseños en escenografía, iluminación y vestuario. La exquisita manera en que la luz juega un rol primordial en la puesta en escena, transitando entre distintos tonos de calidez a partir de focos que deben morir en un determinado lapso, permite un manejo de sombras que acentúan las composiciones corporales que Íñiguez diseña. Igualmente destacables son la música original compuesta por Jacobo Lieberman y la dirección de movimiento a cargo de Mauricio Rico, ambos elementos esenciales para la culminación de una verdadera obra maestra del teatro contemporáneo a nivel dirección.

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“He leído sus libros y confío.”

Jasper es un hombre maduro que en su determinación por dar un giro a su vida poco o a poco se va desacelerando y encontrando paz en un entorno controlado por él mismo, donde deja de ser el foco de atención para ser un contemplador; Rebeca se presenta como una mujer empequeñecida, dominada por sus inseguridades, que en el proceso de desnudarse y permitirse ser retratada, descubre su propia esencia, elemento que le permite encontrar fuerzas en ella que jamás pensó residían ahí; la mujer del paraguas, una desconocida con quien Jasper caminó una tarde bajo la lluvia, se convierte en una figura onírica en la narrativa que equilibra el mundo real con la calma que tanto añora Jasper.

“Cuando leí mi retrato, me pude reconocer.”

Actoralmente, “Mr. Gwyn” encuentra congruencia absoluta con la propuesta de dirección establecida por Íñiguez. La paz que va encontrando Mauricio García Lozano como el personaje titular, el recorrido de autodescubrimiento que proyecta Angélica Bauter como Rebeca o lo etérea que se presenta Lucero Trejo como la misteriosa mujer en la mente de Jasper son testamento de un evidente trabajo en conjunto para conseguir que la tan compleja puesta en escena llegue a buen puerto. Una vez establecido esto, es igualmente importante destacar el trabajo que se realiza en silencio por una gran parte del elenco, quien encarna a los cuerpos que el escritor decide retratar. Assira Abbate, Ana Sofía Gatica, Abraham Jurado y Luis Ra Acosta, quienes también realizan con esmero personajes secundarios en la obra, se unen a Silvia Herida, Alejandro Arreola, La Nars, Marina Ortíz y Enrique Cervantes para dar vida a cuadros corporales dignos de una exposición museográfica a través de movimientos pausados, cargados de significado y profundidad. El elenco se completa con Arturo Reyes, Alejandro Morales y Jacobo Lieberman, todos ellos realizando un trabajo digno del trabajo global.

“Nosotros somos la historia completa, no sólo el personaje.”

La evolución de un creador escénico es uno de los mayores privilegios que un crítico puede atestiguar. Mi primer acercamiento a Alonso Íñiguez como director fue hace 12 años, con su montaje de la clásica comedia de enredos de Ray Cooney “¡Atrápalo si puedes!”. Desde entonces lo he visto crear universos en 15 minutos, abordar a Chéjov y a Shakespeare de formas inesperadas y contundentes, demostrar su capacidad tanto para la comedia más desquiciada como para expresar un drama intimista desde el dolor de la pérdida mas insensata. “Mr. Gwyn” se perfila como el trabajo más exquisito de Íñiguez a la fecha, en una carrera que se ha visto definida por la exploración y el riesgo constante. Este retrato que Alonso ha creado en escena es una promesa de un futuro donde contemplar sus propuestas teatrales siempre será un placer. 

'Photo Credit: Ricardo Castillo Cuevas'




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