Sara Baras llenó de Sombras color y baile la Sala principal del Palacio de Bellas Artes

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Sara Baras llenó de Sombras color y baile la Sala principal del Palacio de Bellas Artes

Erguida, cándida, sutil, elegante, fuerte, con arrojo y echada pal'ante, la bailaora Sara Baras se presentó en el Palacio de Bellas Artes con el programa Sombras, un viaje a través del tiempo, de los colores, del silencio y del bullicio, de la multitud y de la soledad, de la luz y de las sombras.

Sombras, presentado por la Secretaría de Cultura a través del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBAL), en el marco de los 85 años del Palacio de Bellas Artes, es una ambiciosa producción y una especie de carta de amor dirigida a la madre de la artista y a su abuela y, por supuesto, a su otro afecto eterno: la danza flamenca.

Sara Baras, una de las grandes figuras del flamenco en el mundo, llegó al escenario de la Sala Principal con un atuendo negro y una chaqueta roja, acompañada por su cuerpo de bailarines que también vestían de negro; unos minutos antes de concluir la pieza musical, ella se quedó sola a cuadro, con su sombra proyectada seis veces en el fondo del escenario.

Conforme avanzaba la noche los "olé" no se hacían esperar y cada vez que Sara Baras giraba sobre su vestido largo y con holanes, los asistentes expresaban su júbilo con aplausos y elogios a la coreógrafa, quien con los brazos abiertos y una gran sonrisa agradecía las muestras de cariño del público mexicano.

Al término de su presentación, Sara Baras tomó el micrófono y expresó: "Es un honor entregar la vida en este templo de arte, al que tenemos la suerte -y volteó para mirar a sus músicos y bailarines- de no ser la primera vez que dejamos aquí nuestro corazón y nuestra alma. ¡Viva México!".

El momento más sensual surgió en armonía con el músico Diego Villegas, quien con su saxmónica tocaba muy cerca de ella y parecía acariciarla con las notas musicales, que acentuaron la sensualidad de sus movimientos sincopados.

Este espectáculo, con el que Sara Baras celebra 20 años de actividad dancística, nació desde la sombra inmensa de la farruca, que la ha acompañado y ha crecido con ella, confundiendo muchas veces la proyección y lo proyectado.

Cada golpe de tacón era un eco en el escenario, cada giro, cada olán, cada abanico, cada bastón, cada pañuelo y cada chalina llevaron al espectador a sitios nuevos, envuelto en los "quejíos" de las voces o en el vuelo de los vestidos.

Con el temple de la artista y el carácter del flamenco, Sombras muestra "el poder femenino". Sara Baras lo creó en 2017 con el fin de demostrar cómo el flamenco ha evolucionado con nuevas interpretaciones, pero siempre apegado a lo que es desde su origen: una vehemente expresión de canto y baile que emerge de lo más profundo del alma.

La farruca es una de las 13 coreografías -también llamadas palos o cantes en el argot flamenco- que conforman el montaje. Es una forma musical que antes sólo era interpretada por hombres. Por eso, el espectáculo muestra una energía femenina muy particular, además de ser uno de los trabajos más íntimos de la bailaora y un homenaje al amor y a las enseñanzas que recibió de su madre, la también maestra del flamenco Concha Baras.

"Desde pequeña deseaba bailar sola, pero mi madre me lo impidió. Siempre decía: una niña tiene que saber esperar y no acaparar protagonismo. Sólo hasta los 17 años pude debutar en solitario en mi ciudad natal. Me encanta dejarlo todo en el tablao y considero que necesito ese espacio en solitario para soltarlo todo y entregarme 100 por ciento al público, aunque también estar acompañada tiene su encanto", dijo la bailaora y coreógrafa.

La noche transcurrió y Sara Baras bailó el Amar y querer del compositor Manuel Alejandro, para después terminar con el Cielito lindo del músico Quirino Mendoza y Cortés. Con el público de pie terminó este recorrido lleno de emociones en una noche inolvidable.

El Ballet Flamenco Sara Baras ha realizado más de cuatro mil representaciones alrededor del mundo y su objetivo es el mismo desde hace 21 años: difundir el flamenco como un instrumento de evolución constante, que nunca deja de ser mágico por su relación casi inherente a los sentimientos más profundos del ser humano, desde los más oscuros hasta los más diáfanos.

Heredera de grandes decanos de la danza flamenca como Ciro, Manolete, Eduardo Serrano El Güito y Dania González, Baras es uno de los eslabones más resistentes de esta cultura que, como ella misma afirma, "no conoce de fronteras ni de géneros", y que desde 2010 es considerada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.



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