Crítica: DESTINO at Foro La Gruta
Para quienes desean ver un unipersonal donde la soledad y la vejez son una máscara que oculta la oscuridad en la naturaleza humana.
Limpiarse los ojos, uno de ellos opacado por cataratas, elegir el hilo y enhebrar la aguja, comenzar a bordar mientras que el ruido de la naturaleza la rodea, la única compañía que acompaña a Trini en su rutina diaria. Sin embargo, lo que comenzó como uno de los tantos días en que todo es lo mismo para la anciana, se ha transformado por completo con el encuentro de un pajarillo caído y perdido entre las hojas que reposan en el suelo. Las aves nacieron para surcar los cielos, no para vivir en jaulas, y los seres humanos ocultan en sus almas un profundo egoísmo que los orilla al deseo de poseer lo que nunca debería dueño tener. En su vejez, Trini tiene una profunda lección que aprender, pero en hacerlo habrán fatídicas consecuencias.

A partir de la relación entre una anciana bordadora y un pajarito, tomando como referencia aspectos mitológicos chiapanecos de las mujeres tejedoras, Sandra Martínez Nicolini y la compañía teatral Pez Errante Teatro de Chiapas presentan “Destino”, unipersonal que abre conversaciones en torno a la vejez y la soledad, a la necesidad de compañía y afecto en esa compleja etapa de la vida, así como a lo que un malsano apego puede llegar a ocasionar. Esto se realiza con una puesta en escena que hace uso de una media máscara como eje creativo para dar vida a la protagonista, donde la música y los sonidos sustituyen al lenguaje, y el escenario vacío se llena con la gestualidad y corporalidad de la dramaturga, directora y ejecutante.
Tras haber rescatado a la pequeña ave, Trini la convierte en su mascota, por ende, enjaulando a un ser vivo que nació para extender sus alas. Durante un invierno en el que los vientos soplan con una fuerza capaz de derribar a una anciana, Trini se enfrenta a una pérdida de una manera profundamente humana: anteponiendo sus deseos egoístas a los de la propia naturaleza. Una cara enmarcada por arrugas ve a la muerte de frente, no a la que se aproxima por ella, sino a la que ella invitó con una manta y unas semillas, la música que antes había se sustituyó por el silencio que la vieja provocó.

La anécdota que “Destino” presente detrás de su grandilocuente título es una de profunda y dura sencillez, una historia que en su poca complejidad invita a dialogar no sólo sobre la tercera edad o la ausencia de compañía, sino sobre aspectos mucho más oscuros que residen en la naturaleza humana. La capacidad destructiva que reside en una aparentemente adorable e inofensiva anciana, símbolo de toda la humanidad, las duras lecciones que llegan a nuestras vidas cuando la pérdida ahoga al corazón de pena, la forma en que una rutina puede darle sentido al silencio, o la cruda realidad que nos recuerda que no todas las formas de amar son correctas son parte del discurso que Martínez Nicolini presenta sin una sola línea de diálogo, en tan sólo 40 minutos, invitando al espectador a que el espectador reinterprete la obra para ajustarse a sus propios referentes de vida… y de pérdida.
Del lado izquierdo del escenario se encuentra Félix Bailón Salgado, encargado de la composición e interpretación musical en vivo, así como del diseño sonoro de la puesta en escena. Haciendo uso de toda una serie de instrumentos modernos y prehispánicos, que van desde una sonaja y una ranita de madera hasta un looper y un metalófono, el músico crea atmósferas sonoras, da vida al pájaro que llega a la vida de la protagonista desde lo auditivo, crea personajes a partir de notas musicales. La media máscara que porta Sandra Martínez Nicolini para interpretar a Trini muestra a una anciana con un ojo afectado por cataratas, sus arrugas y su expresión dan cuenta de una larga vida en la que se acumuló sabiduría.

A nivel montaje, “Destino” se beneficia por una estética cuidadosamente diseñada desde la economía de recursos, al sugerir más de lo que se muestra, a partir de crear atmósferas auditivas y no tanto visuales. Tanto el diseño musical como de sonido de Bailón Salgado, como el trabajo que realiza la propia Martínez Nicolini en el diseño y realización de máscara, escenografía, vestuario e iluminación contribuyen a que la protagonista cobre vida, a que su universo sea tangible a pesar de la ausencia de toda utilería, a que se perciba el frío desde una luz azul que baña el espacio, o que se escuche un viento furioso desde el soplar dentro de un micrófono para que el looper lo reproduzca en conjunto con demás sonidos que el propio música crea.
Trini se mueve lentamente por el escenario hasta llegar al lugar donde habitualmente se sienta para bordar. Al morder algo para comer, su lengua se pasea por sus labios, elemento que nos habla de una mujer anciana que ha perdido parte de su dentadura. Su angustia tras sufrir una caída que la lleva a perder algo preciado en su vida, es igual de real que la euforia que demuestra cuando se da cuenta que ha aprisionado en una tela a aquello que cree amar de manera sana. Cuando se da cuenta que su alegría ha resultado fatídica, la manera en que Trini envejece aún más es claramente palpable desde la butaca.

El evidente trabajo que Sandra Martínez Nicolini ha puesto en la creación de Trini, no sólo a nivel estético, sino también interpretativo, consigue que “Destino” resulte tanto entrañable como potente. Apoyada por Quy Lan Lachino, responsable de la dirección en actuación de máscara, la protagonista se llena de expresividad y de vida, de dolores, frustraciones y alegrías, del cansancio propio de una tercera edad, de una vitalidad que le da fuerzas a la anciana para atreverse a seguir soñando a pesar de su edad avanzada. En el simple acto de enhebrar una aguja haciendo uso exclusivo de la corporalidad, o aventando con ilusión semillas a una parvada imaginaria de pájaros, Trini existe, es real y expresiva, gracias a toda la corporalidad y gestualidad que se revela detrás de la máscara.
Recuerdo la fuerza con que deseaba que mi amiga Maru no muriera, a pesar de que el médico ya había declarado que jamás despertaría tras el aneurisma; aún puedo sentir las lágrimas que derramé hace años tras el abandono de quien alguna vez dijo que me amaba, producto de negarme a aceptar que esa persona había volado para jamás regresar; nunca olvidaré el inmenso vacío que inundó mi alma luego de encontrar a mi madre de 80 años tirada en el suelo, producto de un infarto cerebral. La pérdida, la muerte, la vejez, el silencio, la soledad, todo esto es parte natural del existir, aunque nos duela, aunque no lo queramos aceptar. Sin embargo, en medio de todo esto, hay luz y alegría, hay semillas que uno esparce por la tierra que atraen a aves cantoras, que generan los recuerdos que nos sostendrán hasta nuestro último día en la Tierra. Es ahí, en ese trinar de aves, que cosechamos lo que hemos bordado a lo largo de toda una vida.

DRAMATURGIA, DIRECCIÓN Y ELENCO: Sandra Martínez Nicolini
DIRECCIÓN DE ACTUACIÓN DE MÁSCARA: Quy Lan Lachino
MÚSICO EN ESCENA: Félix Bailón Salgado
DÓNDE: Foro La Gruta dentro del Centro Cultural Helénico
DIRECCIÓN: Avenida Revolución 1500, Colonia Guadalupe Inn
CUÁNDO: Viernes 20:00, Sábado y Domingo 18:00 horas. Hasta el 6 de septiembre 2026.
COSTO: $261. Entrada General
DURACIÓN: 40 minutos sin intermedio
'Photo Credit: Ricardo Castillo Cuevas'
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